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Testimonio de David Robinson
Mi vida fue completamente cambiada desde que conocí a Dios.
Había gente a la que yo admiraba, que se encontraron completamente desesperados a pesar de tenerlo todo. Yo era así: lo tenía todo, pero no podía encontrar respuestas a las preguntas más importantes de mi corazón. Jesús sí me ayudó...
Cuando estaba en la escuela, tuve una experiencia increíble. Empecé a crecer, y de pronto llegué a ser un buen atleta.
A pesar de todos mis logros esto no me daba ningún tipo de paz interior.
Este es el problema. Jugar bien al baloncesto, la fama o el dinero, son cosas que pasan. No te satisfacen realmente. Tienes que mirarte en un espejo y preguntarte ¿Quién soy yo?, ¿Qué estoy haciendo?, ¿A dónde voy? Muchas veces no tenemos respuesta para estas preguntas.
Antes me sentía como vacío por dentro y me preguntaba: debe haber algo más que esto... pensaba que podía ser algo espiritual. Mi madre era cristiana, y siempre pensé que yo era cristiano por que ella lo era... yo me decía a mí mismo, creo en Dios...
Más tarde alguien me dijo, David ¿Quieres saber más sobre Jesús?, yo le dije pues vale. Después de hablar conmigo me dijo, ¿Quieres hacer una oración conmigo? y yo le dije que de acuerdo. Oré y recibí a Jesús.
Realmente no entendía lo que había hecho en ese momento ni lo que me había querido decir aquel hombre. Mi vida no había cambiado en nada, pero yo me decía a mí mismo, soy cristiano...
No hice nada para aprender más acerca de Dios. A pesar de todo, los 5 años siguientes me preguntaba, tiene que haber algo más...
El 8 de Junio de 1991, un hombre llegó a mi casa. Me preguntó, ¿Crees en Dios, amas a Dios? y yo le respondí, pues claro, sería un estúpido si dijese que no.
El me preguntó, ¿Cuánto tiempo pasa leyendo la Biblia y orando? Cuando tú amas a alguien ¿No pasas tiempo con él?
Yo le respondí, sí supongo que si.
El me dijo, en la Biblia Dios dice, guarda un día en mi honor. ¿Cuántos días has dado honor a Dios?
Lo pensé, de vez en cuando había ido a la iglesia, pero nunca había pensado en esto. En ese momento fue como si mi corazón y mi alma se partiesen en dos.
El es Dios, la persona más increíble de mi vida. Es la persona más maravillosa. Es mi padre que está en el cielo. Es quien me ha dado todo lo que tengo. Nunca le había dado las gracias por lo que el había hecho.
En ese momento me sentía muy mal. Me arrodillé y lloré. Dije, Señor desde este día voy a pasar más tiempo intentando conocerte, aprendiendo de ti, y aprendiendo de tu amor.
El bendijo mi corazón de una forma increíble. Desde ese día soy una persona diferente. Todos pueden ver en mi vida el cambio desde que empecé a conocer a ese Dios de amor, ese Dios que entregó a su Hijo en la cruz por cada uno de nosotros.
Cuando tú haces esto, cuando tu corazón se parte, necesitas hablar con Él y decirle: he pecado. Por favor perdona mis pecados y déjame empezar de nuevo. Dame una nueva vida. Reconozco que entregaste a tu hijo Jesús por mí en la cruz. Tú mereces todo lo que yo pueda darte. Quiero darte honor por ser mi padre y por darme todo en mi vida. Cada día quiero darte gracias y honrarte por tu amor.
David Robinson


Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx