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Jesucristo es la única provisión de Dios para sus pecados. Por medio de El usted puede conocer y experimentar el amor y el plan de Dios para su vida. ¿Quién es Jesucristo? ¿Por qué puede El cruzar este abismo entre un Dios santo y el hombre pecador? El nacimiento milagroso de Jesús, la vida que vivió, los milagros que realizó, las palabras que habló, su muerte en la cruz, su resurrección de la muerte, su ascensión a los cielos – todo indica que El no era meramente un hombre, era Dios. Usted debe recibir a Jesucristo como Dios, como su Salvador y su Señor. Al recibir a Cristo usted puede conocer y experimentar el amor y el plan de Dios para su vida. Usted recibe a Cristo por medio de la fe, invitándolo personalmente a su vida. Pablo dijo, “Por gracia sois salvos por medio de la fe – y esto no de vosotros pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe.” Y Jesús dice, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.” El recibir a Cristo, empieza cuando uno se aparta de su vida egocéntrica, arrepintiéndose de sus pecados y volviéndose a Dios. Esto incluye confiar en que Cristo entra a su vida, perdona sus pecados y le hace la persona que El quiere que sea. Permítame ilustrarlo de la siguiente manera: Suponga que usted llega a conocer a un cierto joven o señorita acerca de quien usted ha recibido muy buenas referencias. A usted le gusta lo que ve - su apariencia, personalidad y muchas otras cualidades. ¿Sería eso suficiente para concertar un matrimonio? No. En un matrimonio se requiere más que admiración y respeto mutuo. Conforme usted conoce más a la persona, usted se enamora. ¿Será eso suficiente para celebrar un matrimonio? No. En un matrimonio se requiere más que el intelecto y las emociones. Luego usted se compromete y llega el día de la boda. ¡Qué emocionante! Usted creeintelectualmente que él o ella es la persona más maravillosa en todo el mundo. Emocionalmente, su corazón late dos veces más rápido cuando ustedes están juntos. Pero ahora se va a llevar a cabo algo más importante. Al estar frente al ministro o sacerdote para intercambiar los votos matrimoniales, comprometen sus voluntades el uno al otro. La boda no es un matrimonio verdadero sin una entrega mutua. Lo mismo sucede, cuando usted se hace cristiano. Cuando usted se compromete a Cristo, usted debe entregarse a El, debe darse totalmente, entregando su intelecto, sus emociones y su voluntad. Su vida se puede apreciar de dos maneras. Si usted está viviendo una vida centrada en sí mismo, usted controla sus intereses. Esta vida siempre tiene como resultado discordia y frustración. Si usted está viviendo una vida dirigida por Cristo, usted se está rindiendo a Cristo, y sus intereses están controlados por El, lo cual resulta en armonía con el plan de Dios para su vida.Nuestras vidas se parecen a la de una oruga que se arrastra por el suelo – un horrible y peludo gusano. Un día este gusano teje un capullo alrededor de su cuerpo y de este capullo, emerge una preciosa mariposa. No entendemos totalmente lo que ha sucedido, pero nos damos cuenta que lo que antes era una horrible oruga que se arrastraba por el polvo, ahora es una mariposa que revolotea por el aire. Así también sucede en la vida del cristiano. Mientras en un tiempo vivíamos en el nivel más bajo como individuos pecadores y egoístas, ahora al confiar y obedecer a Dios, vivimos en el plano más alto, experimentando vidas llenas y abundantes como hijos de Dios. Esto comienza al recibir a Jesucristo como Salvador y Señor de su vida. Hace algunos años, una mujer que recién había recibido a Jesucristo por medio del testimonio de uno de los coordinadores, me pidió que hablara a sus padres acerca de Cristo. El padre era el fundador de una de las organizaciones comerciales más grandes del mundo de esa época. Yo lo visité en su hermosa casa. Era aquél verdaderamente un gran hombre. Su porte, sus gestos y palabras, todo en él sugería que era verdaderamente un gran estadista. Me mostró cuarto tras cuarto lleno de trofeos, placas y fotografías suyas con reyes, presidentes y toda clase de personajes famosos. Era también un gran filántropo ya que había donado cientos de millones de dólares a causas muy dignas y meritorias. Después de unos momentos comentó,“Mi hija me dijo que usted tenía algo importante que hablar conmigo.” Con esta invitación, comencé a hablar con él acerca de su relación con Cristo. Era una persona muy amable y afectuosa. Se notaba que tenía un verdadero interés. Compartí con él las palabras del Señor Jesucristo en Su exhortación a Nicodemo. Este era un dirigente judío, profundamente religioso y con una vida moral e irreprochable. Le leí el capítulo 3 del Evangelio de San Juan: Respondió Jesús y le dijo: "De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?” Nicodemo respondió. ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Respondió Jesús: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". En este momento, este apreciable anciano, que contaba alrededor de ochenta años me dijo, “Sr. Bright, he sido el presidente de la Junta de Consejeros de mi iglesia durante cincuenta años, ¡y nadie me había dicho que tenía que recibir a Cristo como mi Salvador o que tenía que nacer de nuevo! ¿Cree usted, a la luz de las cosas buenas que he hecho a través de los años, que yo debo nacer de nuevo?” Yo le expliqué, “No soy yo quien está sugiriendo la necesidad de que usted nazca de nuevo. Fue Jesucristo quien le dijo a Nicodemo, un importante líder religioso: ‘Es necesario que nazcas otra vez’”. Luego yo le pregunté, “¿Le gustaría nacer de nuevo?” “Sí, me gustaría,” contestó.
Bill Bright
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Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx