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Es posible que te digas: Me devora el temor.
El temor me paraliza. El temor me domina.
¿Cómo puedo vencerlo?.
Es como una enfermedad incurable. Una y otra vez se abate sobre mí y me impide ser feliz. El temor... ¿qué puedo hacer contra él? ¿Hay alguna forma en que pueda librarme de él?.
Hay Alguien que comprende nuestro temor. Es Aquel que lo lleva y sufre con nosotros. Porque El dice ante la calamidad que se acerca: "En el mundo tendréis tribulación." Pero no se para aquí, sino que sigue diciendo: "Pero, tened ánimo, yo he vencido al mundo", y como El ha vencido al mundo, El ha vencido también los temores del mismo.
¡Qué perspectiva! ¡Qué oportunidad! A El le es dado todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra. Cuando acudimos a El, El nos ayuda. El domina también nuestro temor.
Es vital, por tanto, que acudamos a El en nuestros temores y proclamemos de nuevo su nombre victorioso sobre ellos con fe implícita que nuestro temor ceder delante del Señor. El es mayor que todos los temores y peligros que puedan asaltarnos en esta vida. De la misma forma que, en el pasado, el viento y las olas se aquietaron a su voz, lo mismo ocurre hoy. El es quien puede ayudarnos, corroborando nuestros corazones pusilánimes y dándoles paz cuando clamamos a su nombre otra vez.
Con todo el temor no nos será quitado por el hecho de que hayamos orado un solo día: "Quita mi temor." Es esencial que sigamos orando y luchando con fe. Y aunque tengamos que esperar mucho tiempo, tenemos la seguridad de que Jesús siempre se demostrar que El es Vencedor, si persistimos en la oración y la fe. El mostrar que es más poderoso que nuestro temor. El que concentra su mente en la victoria de Jesús en el Calvario, en vez de entretenerse en las batallas perdidas en esta campaña contra el temor, tendrá la experiencia de la victoria de Jesús en esta área también.
¡Liberación del temor! Que éste sea el objetivo firme de nuestra fe en vista de los tiempos deaflicción que se hallan delante de nosotros, y digamos:
Creo que Tú dominarás mi temor, Jesús,antes que llegue el momento del desastre.Me aferro a este objetivo de fe. Cada día lotraeré delante de ti en oración.
¿Cómo podría Jesús dejar de contestar una oración así? Jesús ha venido a salvarnos, para que "podamos servirle sin temor" (Lc 1:74). Si Jesús nos hace libres, seremos verdaderamente libres, libres del temor y rodeados por su paz en medio de la tribulación. Jesús tiene el poder de transformar nuestro corazón, de modo que nos hallemos llenos de consuelo y sosiego en vez detemor, y descansemos en el amor y cuidado de Dios.
En realidad, podemos estar seguros que el Padre cuida de nosotros. Sus ojos se hallan sobre nosotros. Su amor y su cuidado son nuestros. El nos acogerá en sus brazos y nos guardará resguardados en ellos en el día de la tribulación. El mandará a sus poderosas huestes de ángeles que nos rodeen.
Confiemos en El. Tendremos experiencia de milagros de protección y de actos de bondad si luchamos con fe contra nuestro temor, llamando el victorioso nombre de Jesús y confiando en el amor del Padre. De este modo sabremos que Dios cumple verdaderamente sus promesas.

Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx