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Muchos de nuestros países establecen que una persona que alcance un estado de desesperación tal que decida suicidarse, está "médicamente demente". Los "expertos" alegan que si una persona no sabe la diferencia entre el bien y el mal, esa persona no puede cometer un delito ni puede pecar deliberadamente. Esta es la razón por la que la defensa más común usada por los abogados defensores de criminales es la "demencia". (¡Qué fácil sería. Declararse loco y no tener que afrontar las consecuencias por sus errores!) Este es el caso de los Francotiradores del área de la capital estadounidense. Dos musulmanes que asesinaron a sangre fría a más de una docena de inocentes. Ahora sus abogados alegan que ambos estaban "dementes" cuando lo hicieron. Pero la realidad es que existen casos en que un demente clínico sí se puede suicidar y no podríamos juzgar nosotros los hombres si este es un pecado ante Dios. Ya sabemos que ante el hombre no lo es. Sin embargo, la Biblia, aunque no nos dice específicamente qué sucede a una persona que se suicide, sí nos dice el suicidio es un pecado. Es un pecado porque el suicidio es un pecado que no ha sido confesado ante Dios y es un pecado que no se le ha pedido al Padre que lo perdone en el nombre de Jesús. Es un pecado que el pecador no tuvo tiempo de, EN VIDA, confesarlo, arrepentirse y pedir perdón por él. Una persona que decida suicidarse pensando que Dios le perdonará porque tal vez Dios entienda las razones extraordinarias que motivaron el suicidio en realidad está tomando un riesgo inmenso. Esa persona está apostando a la ruleta rusa con su destino eterno. Los líderes cristianos nos vemos enfrentados con situaciones difíciles como estas cuando se nos pide que oficiemos un sepelio de una persona que se suicidó. ¿Qué decirle a la familia? ¿Cómo darles esperanzas? ¿Cómo ser consistente con la Palabra y al mismo tiempo sensible al dolor de la familia del suicida? La verdad es que cualquier líder religioso que asegure a la familia de un suicida que esta persona está en el cielo, ¡Está mintiendo! Ninguna persona puede garantizar que un suicida alcanzó la salvación. Cuando hacemos daño a nuestro cuerpo, estamos haciendo daño al "templo del Espíritu Santo, que es nuestro cuerpo". La misericordia de Dios es para siempre, pero nosotros, los líderes religiosos no somos administradores de esa misericordia. La Palabra es enfática: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso y su palabra no está en nosotros." 1 Juan 1:9-10La palabra clave en estos enfáticos versículos es "confesar". Para confesar se necesita una decisión VOLUNTARIA y se necesita ESTAR VIVO para tomar esta decisión. En Éxodo 20:13 se nos dice: "No matarás". Eso incluye no matar a su propia persona. Cuando nos matamos a nosotros mismos, cuando nos suicidamos, nosotros estamos pecando contra uno de los principales y más prominentes mandamientos en toda la Biblia. ¿Es el suicidio un "pecado de muerte"? Si morimos sin haber confesado un pecado como este, que es un pecado de muerte, podemos casi garantizar que no alcanzaremos el cielo después de haberlo cometido. "Si alguno ve a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado no de muerte." 1 Juan 5:16-17Aquí la Palabra nos dice que hay pecados que son de muerte, lo que significa que son pecados que tan pronto los cometemos, estamos separados de Dios y por tanto, hasta no arrepentirnos de ellos y confesarlos, hemos perdido la salvación y en caso de morir mientras estamos en estos pecados, no alcanzaremos el cielo. No tengo ninguna duda de que matar, cometer adulterio, cometer fornicación y otros del tipo, son pecados de muerte. Cuando usted se suicida, usted ha cometido un "pecado de muerte" contra usted mismo. 
Dra. Tere Alducin: terealducin@vnpem.org.mx