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Cuando mi esposa se fue con otro hombre, sentí como que todo aquello era culpa mía. Aún me siento así. Yo nunca había ni mirado a otra mujer, y sin embargo, aquí estoy, culpándome por su aventura amorosa. Racionalmente, sé que soy injusto conmigo mismo, pero no puedo evitarlo. ¿O quizá pueda? La reacción típica de un cónyuge que ha sido abandonado, como es su caso, consiste en asumir toda la responsabilidad por la conducta del cónyuge infiel. El que ha sido herido (el que se ve con toda claridad que ha sido víctima de la irresponsabilidad del otro) es el que sufre más por sentirse culpable e inferior.
Es extraño que la persona que trató de que no se destruyera el matrimonio ante un rechazo tan evidente, sea con frecuencia la que se pregunte: ¿En qué le fallé? No fui lo suficientemente mujer para retener a mi hombre. No soy “nada”; si no, él no me habría dejado. Si hubiera buscado la forma de que nuestras relaciones sexuales fueran más emocionantes... Yo fui la que hice que se fuera; no soy bastante bonita. Nunca lo merecí. En la desintegración de un matrimonio, raras veces la culpa recae sólo sobre el esposo o la esposa. Hacen falta dos para pelear, como dicen, y en los divorcios, siempre ambos tienen parte de la culpa. No obstante, cuando uno de los cónyuges se decide a comportarse de manera irresponsable, a tener aventuras fuera del matrimonio, o a huir de sus compromisos y obligaciones familiares, suele tratar de justificar su conducta exagerando las faltas del otro cónyuge. “Tú no satisfacías mis necesidades, así que las tuve que ir a satisfacer a otro lado”, es la acusación tan familiar. Al aumentar de esta forma la sensación de culpa de su cónyuge, reduce la suya propia.
Si el otro cónyuge tiene poca autoestima, acepta e internaliza esas acusaciones y recriminaciones como realidades indiscutibles. Usted debe resistirse a la tentación de echarse toda la culpa. No le estoy recomendando que se limite a quedarse sentado detestando el recuerdo de su esposa. La amargura y el resentimiento son cánceres emocionales que nos destruyen por dentro. Sin embargo, lo animo a que examine con detenimiento los hechos.
Hágase estas preguntas: A pesar de mis numerosos errores y faltas en mi matrimonio ¿consideraba que mi familia era valiosa y luché por conservarla? ¿Decidió mi esposa destruirla y después buscar la forma de justificar sus acciones? ¿Me dio una oportunidad justa para resolver aquellas cosas que le causaban más irritación? ¿La habría podido retener, aun después de haber hecho todos los cambios que ella quería? ¿Es razonable que me odie a mí mismo por esto que ha sucedido? Si examina con objetividad lo ocurrido, tal vez comience a verse como víctima de la irresponsabilidad de su esposa, en lugar de verse como un fracasado que no sirve para nada en el juego del amor.
Artículo adaptado del libro “Respuestas Confiables”. Copyright © 1999. Publicado por Editorial Unilit. Todos los derechos son reservados. Todos los derechos internacionales son asegurados.
Por el doctor James Dobson


Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx