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Una reflexión sincera sobre el valor de pasar tiempo de calidad al lado de los hijos. Yo era un ministro de jóvenes muy ocupado. Dios me había bendecido muchísimo. Mi ministerio tenía múltiples facetas. Me solicitaban para dar conferencias a jóvenes por todo el país. Escribía libros. Me había traslado con mi familia a otra ciudad donde iba a enseñar, dirigir seminarios y pasar más tiempo en casa. Me hallaba, en todo sentido, en la cumbre de mi profesión. En ese tiempo mi hijo de ocho años se dio cuenta de que ahora yo pasaba más tiempo en casa (aunque a menudo demasiado agotado para moverme). Le preguntó a mi esposa por qué yo estaba tanto tiempo en casa.  Ella le explicó que a consecuencia del traslado, iba a estar ahora más tiempo en casa para disfrutarlo con él  y con su hermanita. Mi hijo no se mostró muy contento. Su respuesta me dolió en el alma. Me di cuenta que él no deseaba verme tanto tiempo en casa. Yo tenía el reconocimiento de mis colegas, pero no el de mi hijo.Eso me dejó muy preocupado. Había pasado quince años de mi vida en el ministerio entre jóvenes y había observado a los adolescentes alejarse de sus padres. Había visto el impacto que esto tenía en sus vidas. Pensé: "¿Qué voy a hacer? Tengo estudios universitarios que me han enseñado cómo relacionarme con los jóvenes y los niños. He leído libros e incluso he escrito algunos. Pero estoy fracasando personalmente". Clamé a Dios: "Padre, ¿soy lo suficientemente fuerte como para olvidarme del reconocimiento de mis colegas? ¿Cómo puedo hacerlo mejor con mi familia, relacionarme con mi hijo?"                               De repente me di cuenta que cuando comparezca delante de Dios, Él no me va a preguntar acerca de mi ministerio. Me preguntará ante todo acerca de mi propia vida, después acerca de mi esposa y a continuación de los hijos que me ha confiado. Solo después me preguntará sobre mi ministerio.Empezamos como familia a pasar más fines de semana juntos. Mi esposa me sugirió que nuestro hijo de ocho años y yo, necesitábamos pasar más tiempo juntos solos. Eso no me cayó muy bien, porque significaba que había fallado. Quería decir que tenía que enmendar mis relaciones con él. Tenía que admitir que no había sido un modelo como padre. Pero lo hice y empezamos a salir juntos. Jugamos, montamos en bicicleta y preparamos algunas comidas. Pasamos más tiempo juntos.Gracias a Dios, empezaron a suceder cosas estupendas en nuestra relación en el tiempo entre sus ocho y dieciocho años. En su último año en la escuela secundaria fue el capitán del equipo de fútbol. Era fuerte, bien parecido, chistoso y bien conocido. Un día, cuando paseábamos por el único centro comercial de nuestra ciudad, sentí de pronto su brazo alrededor de mí. ¡Madre mía, mi hijo adolescente con su brazo agarrándome por los hombros en público! "Papá, quiero que sepas que te quiero, que me siento muy orgulloso de que seas mi padre." Todo lo que había abandonado hacía diez años nunca habría significado tanto como esas palabras. Ningún aplauso, trofeo o título me habría ganado el respeto de mi hijo. Solo mi entrega a él."Para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando hoy, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida" (Deuteronomio 6:2). Los hombres de Dios piensan en varias generaciones.              Los hombres piadosos paran, hacen inventario de las relaciones esenciales que tienen con cada miembro de la familia. Los hombres piadosos, fortalecidos con el poder del Espíritu de Dios, tienen el valor y la sabiduría de cambiar programas, vocabularios y formas de responder.¿Cómo van sus hijos? ¿Tienen pasatiempos e intereses? ¿Es usted un participante activo en esos pasatiempos e intereses? ¿Qué está sucediendo entre usted y cada uno de sus hijos en su familia? ¿Se ríen juntos? ¿Los invita a orar por asuntos en su vida? ¿Lo invitan ellos a orar por asuntos en sus vidas? ¿Los está criando como humanos que hacen cosas, o les dedica tiempo para que lleguen ser lo que Dios espera de ellos? ¿Qué podría ser usted para cada uno de sus hijos esta semana?
Ore para que Dios le dé pistas y el poder para hacerlo.
Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx