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La larga y vigilante tarea de guiar a un niño desde la infancia a la edad adulta.El amor y la disciplina en los niños: El entrenar la mente y el carácter de tu hijo hasta que se convierta en un miembro del hogar y la comunidad, dueño de sí mismo y constructivo, requiere que emplees todo tipo de comunicación con él. Para guiarlo, pondrás ejemplos, servirás de modelo, lo instruirás verbalmente, le pedirás por escrito, le enseñarás y le predicarás sobre la buena conducta, le corregirás la mala conducta, le proporcionarás enseñanza y mucho más. También el castigo es uno de los medios y tiene su lugar, pero en la mayoría de los hogares se abusa del castigo. De hecho, muchos padres suponen que la disciplina y el castigo son sinónimos, y que la disciplina en realidad quiere decir castigo. El castigo es un tipo de disciplina aunque sea el más negativo. Muchos padres, especialmente aquellos que no recibieron mucho amor en su propia niñez, tienden a pasar por alto la importancia de formar un niño. Consideran que la principal tarea de la paternidad es castigar, en lugar de emplear otras formas más positivas de disciplina. Para que la disciplina sea efectiva, los padres tienen que mantener lleno el tanque emocional de sus hijos, con amor. De hecho, disciplinar sin amor es como tratar de hacer funcionar una máquina sin aceite. 
Guiarlo hacia el comportamiento maduroLa definición común y popular de disciplina es el establecimiento de la autoridad paternal, el desarrollo de pautas de comportamiento, y después el ayudar a los niños a vivir dentro de estas pautas. Históricamente, cada cultura ha fijado expectativas de lo que se considera un comportamiento maduro y ha ideado medios a través de los cuales puede lograrse esto. Únicamente en este siglo –y por muy corto período de tiempo– alguna gente ha supuesto que los niños no necesitan disciplina. Este enfoque de "carta blanca" hacia la paternidad, que permite que los hijos hagan lo que se les ocurra, no produce hijos felices ni responsables. 
El amor y la disciplinaEl amor busca el beneficio de otro; eso mismo hace la disciplina. Por lo tanto la disciplina es con toda certeza un acto de amor. Mientras más se sienta amado un niño, más fácil es disciplinarlo. La razón es que un hijo tiene que identificarse con sus padres a fin de aceptar su guía sin resentimientos ni hostilidad, y sin hacer resistencia pasiva. Esto significa que tenemos que mantener lleno el tanque de amor del niño antes de administrar la disciplina.Si el hijo no se identifica con sus padres, considerará cada solicitud con tal resentimiento, que en lo que se refiera a la autoridad paterna –y al final, toda autoridad– se inclinará por entero a hacer exactamente lo opuesto a lo que se espera de él. Esa actitud se ha vuelto sumamente común.
Antes de que seamos capaces de disciplinar eficazmente a un niño con amor, necesitamos hacernos dos preguntas:1. ¿Cómo ama un niño?2. ¿Qué necesita mi hijo cuando se porta mal?¿Cómo ama un niño? De un modo inmaduro. En contraste, los adultos buscan amar de manera incondicional. Algunos padres piensan que un hijo debería tratar de ganarse su amor y afecto con buena conducta, pero esto es del todo imposible. Un niño por naturaleza prueba nuestro amor constantemente con su conducta. Está preguntando: "¿Me quieres?" Si respondemos "Sí, te quiero", y llenamos su tanque de amor, reducimos la presión y hacemos innecesario que continúe probando nuestro amor. También eso facilita mucho controlar su conducta. Sin embargo, si caemos en la trampa de pensar que nuestro hijo debería "ganarse" nuestro amor con su buena conducta, nos sentiremos constantemente frustrados. También veremos a nuestro hijo como malo, irrespetuoso y desamorado, cuando en realidad necesita que le reafirmemos nuestro amor. Las causas del mal comportamiento: Un tanque de amor vacíoCuando tu hijo se porta mal y te has preguntado: "¿Qué necesita mi hijo?", la siguiente pregunta debe ser: "¿Necesita que le llenen su tanque con amor?" Es mucho más fácil disciplinar a un hijo si se siente amado de veras, sobre todo si la causa de la mala conducta es un tanque de amor vacío. En tal momento, necesitas tener en mente los cinco lenguajes del amor, sobre todo el contacto físico y el tiempo dedicado, y emplear las miradas.Cuando un hijo obviamente se porta mal, lo que ha hecho no debe ser tolerado. Sin embargo, si no sabemos lidiar con eso –o somos demasiado ásperos o demasiado indulgentes– tendremos más problemas en un futuro con ese niño, y esos problemas empeorarán según vaya creciendo. Sí, necesitamos disciplinar –entrenar– a un niño y guiarlo hacia una buena conducta, pero el primer paso en ese proceso no es el castigo. Debes involucrar la disciplina en el lenguaje del amor primario de tu hijo Lorenzo, que es ingeniero eléctrico y por naturaleza su personalidad es bastante rígida. En sus primeros años de paternidad, tendía a ser severo y desapasionado al disciplinar a sus hijos. Después de aprender acerca de los cinco lenguajes del amor, determinó que el lenguaje primario de su hijo era el contacto físico. Ahora nos cuenta cómo aplicó esto al disciplinar a su hijo:"Después que llegué a casa, fui tranquilo al dormitorio de mi hijo René que estaba trabajando en su computadora. Entré y empecé a frotarle el hombro. Al minuto se dio vuelta y me prestó atención. Le dije:–Levántate, quiero abrazarte.Lo tomé en mis brazos y le dije:–Tengo que hacer algo muy duro y quiero que sepas que te quiero por encima de todo. Mantuve mi abrazo por un rato, saboreaba mi proximidad a él.Entonces lo solté y le dije:–Mami me llamó hoy para contarme lo que sucedió con la ventana del señor Santos. Sé que fue un accidente, pero tú sabes bien que está prohibido que juegues a la pelota en el patio. Por lo tanto, tengo que disciplinarte por quebrar esa regla. Me duele tener que hacerlo, pero es por tu bien. No podrás jugar a la pelota durante las próximas dos semanas. Y tendrás que pagar con tu dinero la reparación de la ventana del señor Santos.Entonces lo tomé en mis brazos y lo abracé otra vez. Sé que sintió mis lágrimas corriendo por su cuello.–Te quiero, amiguito– le dije.–Yo también te quiero, papá– contestó.Salí del dormitorio sabiendo que había hecho lo que debía.
Este artículo ha sido tomado del libro "Los cinco lenguajes del amor de los niños",por Gary Chapman y Ross Campbell, Editorial Unilit. 

Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx