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Hay algo que me asombra. ¿Cómo un Dios que no cambia puede tratar con seres tan cambiantes como nosotros, y aún así, estar ahí siempre?
Esto, como dicen los puertorriqueños, me "vuela" la cabeza. Si yo volteo hacia atrás, me veo a los veinte, me veo a los diez años cuando encontré al Señor, me veo ahora, y digo "¡Dios mío, he cambiado tanto! He tenido momentos en los que tengo una fe intensa en vos, otros momentos en los que ni yo me soporto, momentos en los que quiero servirte y momentos en los que he querido renunciar, y... ¡vos estás ahí todo el tiempo!
¿Cómo es posible?" Esa fidelidad y lealtad de Dios hacia sus hijos, es lo que mas me marca el día de hoy.
Esto me hizo aprender a valorar la PERSEVERANCIA, porque cuando ves que Dios se queda contigo todo el tiempo y te saca adelante una y otra vez, entonces realmente comprendes que tienes que mantenerte en el carril que El te puso y seguir ahí; no importa quien te apoya, quien no te apoya; si dijeron, si no dijeron... en fin.
El Señor me dijo en una ocasión "Yo te llamo perseverante". Esto me hizo llorar ¡Lo último que soy es perseverante! ¡Todo el tiempo quiero renunciar! Pero, es verdad porque si  después de veinte años estoy aquí es por dos cosas:
Primero, por la gracia y misericordia de Dios y segundo, por mi perseverancia, por no bajar los brazos.
Este es uno de los valores que quiero compartir con la gente joven. Muchachos, ¡les animo a que sean perseverantes! Por: Danilo Montero


Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx