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Es triste, pero cierto, que estamos viviendo en unos tiempos en que hay una ausencia casi total de amor en muchos hogares. Esta falta de amor ha causado más problemas y angustias en la vida de muchos niños, de los que podríamos describir con palabras. También es uno de los factores que contribuyen a la ola de delincuencia juvenil que azota a nuestra sociedad. La falta de un amor real, que algunas veces significa disciplina o castigo corporal, es en mi opinión una de las causas principales de esta situación.
"Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma" (Proverbios 29:17).
"No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá.Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol"(Proverbios 23:13-14).
Son palabras fuertes. Admito que en ocasiones algún otro castigo pueda ser eficaz,pero hay momentos en que los niños necesitan una disciplina fuerte."Los azotes que hieren son medicina para el malo, y el castigo purifica el corazón"(Proverbios 2:30)
Esto significa que los azotes limpian el carácter de su maldad, y cuando es correctamente aplicado,el castigo hace lo mismo en el hombre interior.
El hijo a quien se disciplina con amor respeta y ama a sus padres mucho más que el hijo a quien no se disciplina. Dentro de los niños hay algo que les hace comprender que el padre que se toma el trabajo de disciplinarlo es un padre que lo ama realmente. Esto es un factor de gran importancia en el desarrollo del sentido de seguridad en los niños. Las reglas y normas, la corrección y el castigo ayudan ciertamente al niño a desarrollar ese sentido de seguridad. Cuando no se corrige al niño, esto le indica con frecuencia que sus padres no se interesan en él.
Si un niño aprende a temprana edad que el pecado sólo acarrea problemas y castigo, llegará a temerlo y detestarlo. Esto será un gran bien. Es increíble y trágico que haya naciones donde se estén aprobando leyes contra el castigo, con lo que llegan a hacer ilegal que un padre golpee a un hijo. Admitimos que, si se hace con ira, golpear a un niño puede ser especialmente dañino para él. En cambio, cuando una nación comienza a decir a los padres que no pueden corregir a sus hijos con castigos corporales, unos buenos azotes cuando se necesitan y cuando se pueden dar correctamente, esa nación va rápidamente cuesta abajo. Este tipo de acciones es contrario a la Palabra de Dios. Una jovencita originaria de otro país contaba cómo sus padres le habían disciplinado por algo en lo que ella necesitaba disciplina. Habían actuado correctamente. Ella era entonces una adolescente llena de rebeldía, y corrió a las autoridades, que la quitaron de manos de sus padres y la pusieron bajo la custodia de otra familia. Entonces fue de mal en peor, hasta hundirse en el pecado. Esta joven contaba cómo había pasado por todas las clases de maldad y de actividades infernales hasta que finalmente llegó a experimentar la gracia redentora de Jesucristo alrededor de los veinte años. Reconoció que había actuado mal desde el principio. Lo que había necesitado era la corrección. Sin embargo, en este caso la sociedad había establecido leyes para evitar la misma corrección que ella necesitaba.
¡Qué situación tan triste! La Biblia enseña claramente que la disciplina, la corrección y el castigo, cuando son necesarios, conducen a la moralidad y a la mejora del carácter.
"La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre" (Proverbios 29:15).
Cuando se domina e instruye correctamente a una persona en su niñez, aprenderá a dominarse cuando sea un adulto autónomo e independiente. Cuando un niño aprende a someterse a la autoridad escolar, al gobierno y a Dios. La razón por la que hoy hay centenares, miles y quizá millones de jovencitos que no se quieren someter a la autoridad de sus maestros o del gobierno es que no se los ha disciplinado debidamente en su hogar. Nunca estuvieron en contacto real con la autoridad de los padres.
Cuando se corrige a los hijos en amor y delicadeza, con constancia y en espíritu de oración, se controla el fogoso carácter de su juventud y se entrenan sus pies para que caminen por senderos de justicia. La personalidad que se desarrollará entonces, estará llena dozo, respeto y disciplina. 


Fuente: vidanuevaparaelmundo.org.mx