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Lucas nos narra la historia de Zacarías y Elizabet. En Lc 1:7 dice: «Pero no tenían hijos, porque Elizabet era estéril y ambos eran ya de edad avanzada». Lucas no dice mucho acerca de ellos, pero lo que comenta es suficiente como para que tengamos una idea de quienes eran y cómo se desarrollaban sus vidas. Ambos eran descendientes de Aarón. Zacarías era un sacerdote que ministraba en el templo. Lucas dice de ellos que eran «justos delante de Dios y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor» (Lc 1.6).Pero a pesar de ser fieles y justos, Dios no les había concedido el privilegio y la bendición de tener hijos. Elizabet era estéril y eso era una gran afrenta para una mujer judía. Más aún, en las sociedades orientales se tenía por maldición divina el que una esposa fuera incapaz de concebir(1 S 1.5). A pesar de la vergüenza, deshonra y la aflicción que ello significaba, permanecían fieles. Algo más que el pasaje nos dice es que «ambos eran ya de edad avanzada». ¡Eran hermanos mayores! , y bastante mayores.No obstante, Zacarías seguía activo en su servicio en el templo: «y en ese día conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor». Es asombroso leer que este hombre que este hombre de edad avanzada no se había retirado; sino que seguía sirviendo a Dios. ¡Qué ejemplo! Pero ¿qué se podía espera de este matrimonio?Aparentemente ya estaban por concluir con sus fuerzas. Generalmente nadie espera nada de «los viejos». Pero aquí, Dios nos demuestra que para él no cuenta la edad sino el corazón fiel y dispuesto. Ante el asombro, aún de Zacarías, el ángel enviado por el Señor le anunció que «su oración había sido oída». ¿Por cuántos años Zacarías había estado pidiendo un hijo? Supuestamente, Dios no le había prestado atención.Lo bueno fue que ellos no se desanimaron y ahora venía la respuesta ¡tan ansiada!  Pero a Zacarías le parecía imposible. Por eso dice: « ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada» Pero para Dios todo es posible. El premia a aquellos que le aman y permanecen en sus caminos. Para Elizabet fue algo tremendo. Ella dijo: «Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres» (Lc 1.25). A pesar de los años transcurridos, ella siempre llevaba sobre su corazón el sentimiento de no haber podido ser madre.Ahora, en su vejez, Dios le da la gran alegría y el privilegio de serlo. Pero como si eso fuera poco, su hijo fue, como dijo Jesús: «Entre los que nacen de mujer, no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista» (Mt 11.11).¡Qué grandes es Dios! De este matrimonio de edad avanzada podemos extraer varias enseñanzas. Escogemos tres de ellas1. La importancia de la fidelidad a Dios a pesar de las cosas adversas que nos sucedan.2. Dios siempre contesta las oraciones, por supuesto en su tiempo y cuando él cree conveniente.3. No importa la edad que tengamos, Dios siempre tiene un plan para nuestra vida. Debemos estar atentos a fin de que él pueda usarnos.Creemos firmemente que Dios quiere usarnos como adultos mayores, para realizar grandes empresas. La edad no importa; el requisito es ser fiel y constante, servirle en lo que podemos y como nuestras fuerzas, capacidad y dones nos permitan. El versículo de Lc 1.7 nos inspira y anima.Quizás para algunos somos «viejos». Así también pensó Zacarías. Pero para el Señor, estaba en el tiempo y edad que él lo necesitaba. No debemos negarnos a trabajar cuando se ofrece la oportunidad.Recordemos que para eso nos está teniendo el Señor sobre la tierra.por Amelia Nonini y Juan Arregin.Radicados en Tucson, Arizona. Misioneros para el pueblo hispano. Autores de dos libros devocionales para adultos mayores.